Ensayo Argumentativo

¿Podemos hablar de una filosofía Latinoamericana como tal?

Esta pregunta, sin duda alguna, cuestiona la existencia de un pensamiento filosófico latinoamericano que tenga identidad propia y que de esta manera sea capaz de responder a las inquietudes que sumergen al hombre en su existencia. En lo personal considero que el latinoamericano posee pensamiento filosófico, mas no tanto así una filosofía estructurada y organizada como la que se ha podido percibir en las diferentes escuelas europeas a lo largo de los siglos.

La filosofía es la ciencia que se plantea los cuestionamientos más profundos sobre la realidad existente y del fundamento que la explica. Estas preguntas que el ser humano se hace a sí mismo de manera natural, surgen como reacción al desafío que el ser de las cosas presenta a la capacidad reflexiva en la inteligencia humana. Beorlegui nos dirá que, “se orienta de modo más estricto a plantearse, y tratar de responder las preguntas fundamentales de la realidad y su fundamento” (ídem: pág 38). Y es que la cuna de la filosofía es Grecia con Sócrates y sus discípulos. De ahí surge todo un sistema orgánico de pensamiento filosófico que ha llegado hasta nuestro intelecto, proponiéndonos modos de ver las cosas, abriendo nuestra mente a diferentes perspectivas y analizando la visión de filósofos con maneras diversas de pensar. Así pues, la filosofía tiene como característica primordial el ser, lo que la hace universal. 



Al ser la filosofía universal, no importa que hayan influencias de afuera, siempre y cuanto su esencia se mantenga y la realidad de nuestros pueblos sostengan firmes sus raíces. Es pues, el pensamiento latinoamericano una reflexión filosófica de la vivencia de los latinos.

Por esta razón muchas personas creen que la filosofía solamente se ha desarrollado en Europa; y que a partir de aquí se han emanado pensamientos adaptados o segregados que se han llegado a establecer en otros países o regiones del mundo. Y es que Beorlegui (2004) dice: “Se da por hecho que tienen peso específico y los representantes suficientes y de talla reconocida para configurar una historia del pensamiento filosófico”. Podría ser que así es, pero el hecho de que cada región tiene una manera de expresar su pensamiento queda afuera de esta afirmación pues no necesariamente tiene representantes de talla reconocida como lo afirma Beorlegui, cuando es un pueblo, una región, una parte del planeta que tiene sus maneras de percibir las cosas de acuerdo al contexto histórico y a la manera de vivir, a sus errores, sus virtudes, sus riquezas y sus carencias, con todo el bagaje cultural que ello implica a la hora de ver la realidad es a final de cuentas lo que determina su propia manera de ser.

Ahora bien la historia de América Latina ha estado marcada por una sucesión de hechos que la han ido configurando poco a poco:  su Descubrimiento y Conquista objetivo de dominación y apropiación por parte de europeos, hasta la Colonia donde el pensamiento europeo al ser impuesto fue aceptado y absorbido por los latinoamericanos. El americano originario fue asesinado, oprimido, corrompido y borrado con tal de culturizarlo a la usanza europea con el fin de crear uno nuevo. Además a lo largo de los años los latinoamericanos han sido marcados por el grande deseo de libertad; esa libertad política, económica y de pensamiento que carecieron durante siglos; esos a los que les fue arrancada su cultura y modo de vida, no por gusto, sino por dominación, sometimiento y condicionamientos y esos que se vieron incapaces de responder. Esto sin duda ocasionó que la mayor parte de América abandonara su quehacer y pensamiento precolombino y adoptara formas de pensar ajenas a su cotidianidad.

Sin embargo, y con todo lo antes dicho en referencia a Latinoamérica, existe un tipo de pensamiento que puede en cierta forma afirmarse como filosófico, encontrando sus rasgos particularmente en las culturas precolombinas y que en nuestros tiempos se ha ido desarrollando con el nombre de: “Filosofía de la Liberación”. Esta filosofía surge como resultado de la dominación de la que fue sujeta América Latina durante tantos siglos, según lo afirma Dussel (1996) y de la que ya hemos hablado en párrafos anteriores. Recalco aquí el término pensamiento filosófico, mas no filosofía como tal, pues en el pensamiento filosófico se cuestionan cosas de la vida cotidiana y el puesto el hombre en el cosmos, pero ésta no está organizada como la europea de una manera sistemática, ni tiene autores reconocidos de los cuales se han fundado escuelas de pensamiento.

Pero entonces, ¿podemos hablar de filosofía latinoamericana propiamente dicha? Y es que ante esta pregunta se hace difícil responder, porque la filosofía latinoamericana no es tomar el pensamiento europeo y trasladarlo a América con palabras llanas, fáciles de comprender para los americanos. No es tampoco que una nueva rama de filosofía surge en Latinoamérica, con una organización diferenciada o muy marcada respecto a la europea. Es más que todo ver la realidad en la que vivimos, tratando de entenderla, no con estereotipos, ideologías y etiquetas, más bien de una forma que nos haga caer en mentalidades más concretas que conlleven a un convencimiento y verdadero aprecio por nuestra manera latina de ser en el mundo.

Tocando el tema de la identidad latinoamericana Beorlegui señala que hay diversas posturas por ejemplo, Sarmiento indica que Europa debe ser el ideal que América debe seguir, pero por el contrario Alberdi advierte la importancia de una dualidad entre filosofía y realidad para emprender la tarea del quehacer filosófico. Más sin embargo se debe partir del ser cultural latinoamericano y las circunstancias que directamente  involucran la identidad de éste. Recordemos que el latinoamericano es producto de todo lo vivido y de una mezcla de culturas, tintes, razas tradiciones, y mitos que hacen que sea auténtico en su forma de ser. El latinoamericano jamás podrá desarrollar una filosofía como la europea por su contexto histórico, en lo personal abogo más por la postura de Alberdi donde sí debe de existir esa dualidad entre lo que se vive y lo que la filosofía en su sentido amplio implica de manera que se permita desarrollar dentro de la filosofía universal un pensamiento filosófico latinoamericano.

Zea (1986 pág. 127) por su parte indica que para que una filosofía sea tal, no debe esperar que los hombres de América sean libres, pues de lo contrario tendrían otro tipo de afanes en su pensar filosófico, mas si la libertad es condicionada, la filosofía siempre va a estar permeada por el deseo de conquistar la libertad.

Por su lado Miró Quesada dice que para que una filosofía latinoamericana sea auténtica hay que liberarla de todo el proceso dominador europeo que se dio desde el descubrimiento de América, pero las ideas emergentes que siguen llegando a nuestro continente, siguen intentando postularse como verdad absoluta, de modo que, esto disipa el conocimiento y pensamiento que quiere establecerse y encenderse en esta tierra a partir de su historia y su realidad.

Decir que existe una filosofía latinoamericana, ciertamente es cuestionable porque no se puede afirmar con toda certeza que los Incas, los Nahuas o los Mayas tuvieran entre su cultura planteamientos sobre cuestiones en torno al sentido de la vida, su puesto en el mundo y la realidad natural que los rodea. Lo que existía eran formas de  interpretar los fenómenos, arcaicas maneras de explicar la realidad, mediante mitos y leyendas y atribuciones a dioses a los cuales rendían culto. Es decir, hablando desde la filosofía europea lo que se llamaría "presocrático". Esto lo que hace es dar un atisbo más bien de la presencia  del pensamiento filosófico de los pueblos precolombinos. El hecho de que esto no sea aceptado por los grandes de la filosofía europea responde más bien a posturas más técnicas que solo reconocen las filosofía sistemática y orgánica que se plantea desde su origen griego, viniendo a ser en otras palabras la que se ha desarrollado en Europa a través de la historia.

Ellacuría (1985) dice en Beorlegui: “Si en América no se hace filosofía en su nivel formal en relación con la praxis histórica de la liberación y desde los oprimidos que constituyen su substancia universal es posible que se llegue a constituir una filosofía latinoamericana”.

Nuestra filosofía no parte de un abstracto que luego se plasma en volúmenes de libros sobre la Historia de la Filosofía y donde un autor o varios de ellos, por su pensamiento particular, toman el crédito por su forma de ver la vida y dar respuesta a las interrogantes del hombre. Nuestra filosofía latinoamericana parte de una vivencia religiosa, de la cultura, de la cotidianidad de un pueblo, de un canto, una poesía, una pintura, un cuento, una leyenda, en fin, de un sinnúmero de circunstancias que hacen a un pueblo estar en constante cambio y dinamismo. Latinoamérica realmente no cuenta con filósofos de renombre, lo que tenemos son modos de vida llenos de sabiduría por el legado cultural de nuestros antepasados prehispánicos. Ésta filosofía latinoamericana no viene a oponerse a la filosofía europea, sino que trae consigo una forma diferente de plantear la realidad reconstruida desde la vivencia de nuestros pueblos.

La filosofía no es producto de uno o varios autores, porque es fruto de un contexto analizado críticamente y por ende intenta dar respuestas a la realidad que la rodea. Esa realidad se da en una cultura: la latinoamericana. América Latina aunque no tiene su propia filosofía de manera sistemática tiene su propio pensamiento filosófico, porque la manera de pensar del latino no es estructurada y desarrollada como la que se da en Europa.


Bibliografía
Beorlegui, C. (2010). Historia del Pensamiento Filosófico Latinoamericano: Una Búsqueda Incesante de la Identidad. (3°edición). Bilbao. Editorial: Universidad de Deusto.

Beorlegui, C. (2004) El problema filosófico de la identidad y autenticidad del pensamiento filosófico latinoamericano. Bilbao. Deusto publicaciones.

Dussel, E. (1996) Filosofía de la liberación. Bogotá. Nueva América

Zea, L. (1986). América como autodescubrimiento. Bogotá: Universidad Central.


Comentarios

  1. Excelente el comentario que ha realizado de su ensayo argumentativo, considero que vas por muy buen camino dejando claro que sí estas a favor de una filosofía latinoamericano orgánica y sistemática.

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    1. Gracias por tu comentario. Sí afirmo que existe una filosofía latinoamericana, pero ésta es de vivencias y experiencias, del ser latinoamericano, tal vez no notaste en que estoy en desacuerdo sobre de que no es sistemática ni orgánica como lo es la europea porque el latino no tiene una forma de pensar estructurada.

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  2. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  3. La filosofía como tal responde a una finalidad, y se desarrolla ciertamente en una cultura propia y especifica. El pensamiento Europeo y Latino difieren de que responde a diferentes realidades, por eso, en ocasiones se comete un error al querer europeizar latinoamerica, pues la realidad a la cual responden son ampliamente diferentes. Te recomiendo leer el capitulo II, del libro ¿Existe una filosofía de nuestra américa? de Salazar Bondy; en él se toca un poco este tema que te puede ayudar a profundizar por qué el pensamiento latino no es sistemático, tal como concluye tu ensayo

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  4. La diferencia entre una investigación y un ensayo argumentativo es el punto de partida. La investigación nos lleva a responder a una pregunta, el ensayo argumentativo nos lleva a verificar si la respuesta que damos está bien o no. Es necesario por tanto partir de mi posición personal y luego verificarla, discutirla e incluso, si es el caso, hasta cambiarla, a partir de las referencias de otros autores. "La filosofía no es producto de uno o varios autores, porque es fruto de un contexto analizado críticamente y por ende intenta dar respuestas a la realidad que la rodea. Esa realidad se da en una cultura: la latinoamericana", excelente la intuición de relacionar la filosofía con la cultura. Sobre este punto debería desarrollar más.

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