Prólogo Historia de las Indias

Historia de las Indias de Fray Bartolomé de las Casas
Síntesis del Prólogo

Por José Bermúdez Porras

Esta Historia se distingue dentro de su categoría por la abundancia y precisión de las noticias, respaldadas de enorme documentación tanto del mundo indígena como del comportamiento de los españoles. Las Casas empezó la relación de las cosas acaecidas en estas Indias en 1527. Ya tenía veinticinco años de haber llegado al Nuevo Mundo como colono y futuro clérigo. En 1502 llega al Nuevo Mundo.

Son frecuentes por parte del autor los juicios del comportamiento de los españoles o la condición de los indios a tal punto que casi no existe capítulos sobre conquistas o expediciones referidas en esta obra. Lo que él trata es de restablecer la verdad como una finalidad por añadir al crudo lenguaje de los hechos la voz del derecho y dela justicia y la indispensable elocuencia en el corazón.

Trata el tema colombino sirviéndole de armazón como estatura histórica del personaje y de su acción. Las empresas del Descubridor representaban algo más trascendental en la historia universal. Las Casas por su parte en su calidad de protagonista de la historia, podía satisfacer el deseo muy natural de dejar plena constancia de su acción personal, fundamentalmente por su aguda conciencia que tuvo hasta su muerte para cumplir con una gran misión histórica. La obra del clérigo de las Indias posteriormente viene a ser la más completa historia escrita en su época. En su obra hubo muchos quehaceres muchos quehaceres  su obra hubo que le obligaron a retoques e interrupciones. Recoger informaciones de boca de aquellos que le habían precedido y tenían noticias de esos primeros tiempos. Pudo entonces en 1527 acometer su tarea de historiador.

Comenzó por los hechos que conocía mejor  como testigo y protagonista. En 1542.1543 se dedica entre otras actividades, a la recluta de misioneros de confianza que le acompañarán a su regreso a las Indias como una lucha permanente y al fin imposible, que le mueve a regresar otra vez a España habiendo estado antes en México y en la isla la Española. Regresando a España es cuando redacta importantes tratados políticos y actúa frente a su adversario, en las famosas controversias de Valladolid.

La idea de insertar en el relato de los hechos históricos un cuadro de la naturaleza del Nuevo Mundo y un panorama de las culturas indígenas era práctica corriente entre los primeros cronistas de Indias. Pero el defensor de los indios debió sentir más que otros la necesidad de esta inclusión, por constituir su imagen apologética de las civilizaciones autóctonas y su versión reprobatoria de la conquista y de la colonización las dos vertientes contrapuestas de un mismo aparato demostrativo. La obra debía permanecer cuarenta años sin publicar ya que las amenazas o incertidumbres de la coyuntura política a principios del reinado de Felipe II, y lo poco favorables que eran las nuevas orientaciones oficiales para que prosperasen las generosas tendencias indiófilas, le movió a aplazar su publicación en espera de tiempos más abiertos a la verdad proclamada en ella. Este ruego una vez estando en manos de los colegiales de Valladolid no pudo ser atendido.

La ignorancia del fin que pretendió la Providencia con el descubrimiento de las Indias, que no fue otro que la conversión de las almas; el menosprecio de las racionalidad de los indios para regirse por sí; el desconocimiento de católico principio de la predestinación, y la consiguiente obligación, por no saber cuáles sean los elegidos, de ayudar a todos a ser partícipes de la salvación eterna; la falta de noticia de la historia antigua de los pueblos y de su infalible aunque lenta evolución de la barbarie a la vida civilizada, mayormente en el caso de haber sido atraídos por la vía evangélica. De ignorar todo esto, y también las diferencias de fieles a infieles, y la obligación de portarse caritativamente con aquellos que no son enemigos de los cristianos, se ha llegado a nada menos que a confundir los medios con los fines, anteponiendo los intereses temporales de la empresa de Indias a sus obligaciones espirituales, y falseando el verdadero sentido y alcance de las Bulas de concesión.

Dentro de la obra del defensor de los indios salta a la vista el compendio más acabado de su ideario. Sus severas denuncias de las falsas noticias y de os malos historiadores, y sus copiosos comentarios jurídicos y políticos, vienen esbozados y aun perfectamente delineados los esquemas conceptuales de las otras obras mayores de Las Casas.

Fray denota su concepción fundamentalmente pragmática del género histórico. Respaldado por los intangibles tópicos heredados `por los antiguos, hace suya el autor la clásica creencia en las virtudes educativas de la Historia, maestra de vida , y de su insustituible ejemplaridad. De ahí se desprende necesariamente, como un corolario irrebatible el imperativo de la verdad. Sobre el conocimiento de los indios y el comportamiento de los españoles en las Indias observa Las Casas con dolorosa lucidez que las noticias propagadas por sus predecesores, con su injusto desprecio de las gentes del Nuevo Mundo y su culpable encubrimiento de las maldades perpetradas contra ellas, han dado origen a una imagen profundamente adulterada de la realidad.

Frente a semejante falsificación y a sus consiguientes perjuicios materiales y espirituales, no solo para los indios sino también para España y la misma religión cristiana, la necesidad de restablecer la verdad tan dañosamente ofendida se impone a la conciencia de fray Bartolomé como un deber moral, estando él por otra parte, con su excepcional experiencia de las cosas de Indias, capacitado como el que más para cumplir debidamente con esta ineludible obligación.

Los indios se caracterizan por su inocencia y bondad, mansos y pacíficos, humildes y pacientes, moderados en sus apetitos y honestos en sus costumbres, no les mueve ninguna codicia, envidia o ambición. A esto se contrapone la maldad de los españoles. No parece sino que el llegar a las Indias y encontrarse en medio de los indios desencadena en ellos los peores instintos. Movidos de su insaciable codicia y desordenada ambición, desconocen en absoluto las nociones  más elementales del bien y del mal, y en vez de portarse como hombres y no digamos como cristianos, se muda al instante en crueles tiranos y bárbaros devastadores con el único fin de enriquecerse a todo trance y llevar a expensas de los pueblos sojuzgados una vida ociosa y parasitaria.

Al intentar los indios defenderse protegerse o resistir, se exponen en seguida a unas violentas expediciones  represivas que luego se generalizan, con pretexto o sin él, en abiertas y destructoras guerras de conquista con sus inevitables imágenes de atrocidades, las tremendas escenas de matanzas y asolamientos.

Abundan en la Historia los testimonios de estos contactos y frecuentaciones con gentes de toda laya, desde los más humildes representantes de la masa de soldados o pobladores hasta personajes tan destacados como el mismo Hernán Cortés. Lo que sí denuncia con incansable insistencia es la ambición desordenada y la codicia que se apoderan de ellos en tierras indianas, siendo esta y no otra, la causa de su inhumano comportamiento con los infelices indios.

Lo que condena Las Casas en la historia y otros escritos es la desproporción que le parece escandalosa, entre las pretensiones de los españoles del Nuevo Mundo y los méritos personales de la mayor parte de ellos. Mejor dicho determinante para el defensor de los indios, de que esas pretensiones han sido la causa directa de la destrucción de las Indias y de sus habitantes. Por cierto que aun así entraba en su protesta buena dosis de ilusión, pero esto no significa, ni con mucho, que denuncia carecía de razones y fundamentos.

En otras partes de las Indias había podido darse cuenta de las inhumanas condiciones de vida y de trabajo de los ondios esclavizados o encomendados, y de todos los desmanes cometidos por sis dueños. Tampoco se han de despreciar, como fuentes de primera mano, los relatos orales o escritos y demás documentos que pudo recoger o consultar el historiador, y a que se refiere tan a menudo.

La presentación antitética de las violencia de los españoles frente a la mansedumbre de los indios peca con evidencia de esquemática, no atendiendo a la natural diversidad de las personas ni a las posibles mudanzas de las circunstancias. También han de tenerse en consideración el consabido efectismo de las imágenes, la insistencia descriptiva en los rasgos más crudos, y el recargo de las tintas de espanto y del horror, en busca, por supuesto, del mayor impacto posible en el ánimo de los lectores. El autor al denunciar esas espantosas hecatombes, hacia poco caso de otras causas de aniquilamiento físico de la población indígena.

La especificidad del tratamiento, el caso del primer protagonista de la empresa indiana y principal figura de la obra, Cristóbal Colón. Las Casas por ser quien era, callara su desaprobación de aquellos errores y agravios cuya responsabilidad recaía con toda evidencia sobre el descubridor y primer gobernador de las Indias.

Todo lo que acontece viene gobernado por lo justos juicios de Dios, no siendo los pueblos y los hombres más que los instrumentos pasivos o activos de la Providencia. Así se ha de entender la empresa de las Indis, encaminada según el plan divino a la conversión de los infieles del Nuevo Mundo de acuerdo con la necesaria propagación del cristianismo y de acuerdo al arreglo católico principio de la predestinación.

No compete poner en tela de juicio ña conformidad de estas ideas, lo que sí importa es apreciar el valor de la Historia como tal más allá de la estricta perspectiva teológica. No pierde la Historia nada de su excepcional interés historiográfico por su alta significación humana.


Con respecto a la Historia, pasaron más de tres siglos sin pasar por la imprenta. Su demora de publicación se debió por su índole acentuada de denuncia. Por fin en 1875-1876 se publicó la Historia de las Indias.

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